Yo pedí llevarme las sobras para mi abuela que llevaba tres noches cenando pan con aceite. Él brindaba con doce invitados mientras yo sostenía una fuente que valía más que nuestra compra del mes. Me miró y soltó: ‘Antes al cubo que en una bolsa de tu abuela’. No lloré, tomé el lápiz y dibujé su silla vacía, y entonces entendí por qué mi apellido ya estaba en casa.
Clara, una joven empleada de 19 años, es humillada por pedir las sobras de una cena para su abuela, pero un dibujo inesperado vuelve a abrirle la puerta al talento que creía perdido.