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Descubrió al jefe de la mafia con su hermana y desapareció, él nunca supo que esperaba gemelos
Capítulo 4 / 4

Capítulo 4

Part 4: Descubrió al jefe de la mafia con su hermana y desapareció, él nunca supo que esperaba gemelos

1016 palabras

Parte 4 — El amor que nunca dejó de perseguirla

A la mañana siguiente, Nora despertó antes que los niños.

Durante unos segundos se quedó mirando el techo de la enorme habitación.

La casa estaba en silencio.

Demasiado silencio para una mujer que durante cuatro años había dormido escuchando tuberías, pasos de vecinos y carros pasando bajo su ventana.

Giró la cabeza.

Jack y Noah seguían dormidos.

Verlos ahí, perdidos entre almohadas demasiado grandes y sábanas que costaban más que varios meses de su antigua renta, le provocó una mezcla extraña de alivio y culpa.

Se levantó con cuidado.

Cuando abrió la puerta, el guardia seguía en el pasillo.

—¿Lleva ahí toda la noche?

El hombre la miró con expresión neutral.

—Sí, señora.

—No me diga señora.

—Sí, señora.

Nora soltó el aire por la nariz.

Nada había cambiado realmente.

Seguía estando dentro del mundo de Dominic.

Solo que ahora ese mundo también pertenecía a sus hijos.

Más tarde encontró a Dominic en el comedor.

Jack estaba sentado a su

lado mientras observaba con fascinación un reloj caro que Dominic acababa de quitarse.

Noah desayunaba cereal.

—¿Eso es de oro? —preguntó Jack.

—Parte de él.

—¿Cuánto cuesta?

Dominic levantó una ceja.

—Demasiado.

Jack pareció pensar.

—¿Más que nuestro carro?

Dominic miró hacia Nora.

Ella cruzó los brazos.

—No contestes eso.

Una pequeña sonrisa apareció en la boca de Dominic.

Fue tan breve que casi parecía imposible.

—Tu mamá tiene razón.

Durante los días siguientes, Nora comenzó a descubrir otra versión de Dominic.

No una versión buena.

No quería engañarse.

Seguía siendo el mismo hombre capaz de hacer que cuatro hombres armados aparecieran en un estacionamiento con un movimiento de muñeca.

Pero con los niños era distinto.

Paciente.

Extrañamente atento.

Aprendió que Noah odiaba la corteza del pan.

Que Jack no podía dormir si la puerta del clóset estaba abierta.

Que ambos querían escuchar el mismo cuento antes de dormir.

No

intentaba reemplazar los cuatro años perdidos de golpe.

Simplemente estaba ahí.

Todas las mañanas.

Todas las noches.

Y aquello resultaba más peligroso para Nora que cualquier amenaza.

Porque cada día hacía más difícil odiarlo.

Una tarde lo encontró en el jardín con Jack y Noah.

Dominic llevaba una camisa negra con las mangas remangadas.

Noah estaba sentado sobre sus hombros.

Jack corría alrededor de ellos con una pelota.

Por un momento Nora olvidó las camionetas blindadas.

Los hombres armados.

Las amenazas.

Parecían una familia normal.

Y eso fue exactamente lo que la asustó.

Dominic la vio desde lejos.

Sus ojos se encontraron.

No sonrió.

Ella tampoco.

Pero ninguno apartó la mirada.

Esa noche, después de acostar a los niños, Nora volvió al despacho.

Dominic estaba junto a la ventana.

—No deberías venir aquí si todavía te trae malos recuerdos.

—Tal vez necesito dejar de huir de ellos.

Dominic se giró.

—¿Y de mí?

Nora no respondió de inmediato.

—Todavía no lo sé.

Él aceptó la respuesta sin presionarla.

Eso también era nuevo.

Nora se acercó al escritorio.

El ultrasonido seguía ahí.

—¿De verdad lo mirabas todos los días?

—Sí.

—¿Nunca pensaste que quizá el bebé no era tuyo?

Dominic la miró con una expresión casi ofendida.

—No.

—¿Por qué?

Él se acercó.

—Porque te conocía.

Nora soltó una risa baja y amarga.

—No lo suficiente.

—No.

Dominic aceptó el golpe.

—No lo suficiente.

Se produjo un silencio.

Nora pasó el dedo por el borde gastado de la fotografía.

—Te robé cuatro años.

Dominic apretó la mandíbula.

—Sí.

Ella levantó la mirada.

—Y tú me diste razones para creer que tenía que huir.

Dominic tardó unos segundos en responder.

—También.

No había disculpas bonitas.

No había promesas de cambiar de un día para otro.

Solo dos personas admitiendo que se habían hecho daño.

Dominic extendió una mano.

No la tocó.

La dejó entre ambos.

Esperando.

Nora miró aquella mano.

La misma que podía ordenar la muerte de un hombre.

La misma que había preparado el desayuno de sus hijos.

La misma que había guardado durante cuatro años la fotografía de un bebé al que nunca pudo conocer.

Finalmente colocó su mano sobre la de él.

Dominic cerró los dedos alrededor de los suyos.

No apretó demasiado.

No la jaló.

Solo la sostuvo.

—No puedo prometerte que voy a convertirme en otro hombre —dijo.

—No te lo estoy pidiendo.

—Pero puedo prometerte que nadie va a tocarte mientras yo siga respirando.

Nora lo miró.

—Otra vez estás haciendo que el amor suene como una amenaza.

—Para mí casi siempre lo es.

Ella negó con la cabeza.

—Estás loco.

—Eso ya lo sabías cuando te casaste conmigo.

Por primera vez en años, Nora se rio de verdad.

Fue apenas un sonido pequeño.

Pero Dominic se quedó completamente inmóvil al escucharlo.

Como si hubiera esperado cuatro años por eso.

Nora dejó de reír.

La tensión regresó.

Dominic levantó la mano lentamente.

Le dio tiempo de apartarse.

Ella no lo hizo.

Sus dedos tocaron su mejilla.

—No vuelvas a desaparecer.

La voz de Dominic fue baja.

—No vuelvas a darme una razón para hacerlo.

Él sostuvo su mirada.

—Trato hecho.

Nora sabía que nada sería sencillo.

Dominic seguía siendo Dominic Vane.

Un hombre construido alrededor del poder, la violencia y el control.

Ella seguía siendo la mujer que había escapado con sus hijos para mantenerlos lejos de todo eso.

No podían borrar cuatro años.

No podían fingir que nunca habían ocurrido.

Pero tal vez podían dejar de vivir atrapados dentro de aquella noche en el despacho.

Nora miró hacia el pasillo.

Arriba dormían Jack y Noah.

Por primera vez tenían a su padre cerca.

Por primera vez Dominic sabía sus nombres.

Y por primera vez desde que regresó, Nora no sintió que la mansión fuera únicamente una cárcel.

Seguía siendo una jaula.

Solo que ahora la puerta estaba entreabierta.

Dominic se inclinó y apoyó la frente contra la de ella.

Nora cerró los ojos.

No sabía qué iba a ocurrir mañana.

No sabía si algún día podría acostumbrarse al mundo de Dominic.

Tampoco sabía si quería hacerlo.

Pero aquella noche no salió corriendo.

Y por ahora, eso era suficiente.

THE END.

Capítulo completado

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