—Me abandonaron cuando dejaron de recibir dinero —dijo Daniel.
Capítulo 5
—Me abandonaron cuando dejaron de recibir dinero —dijo Daniel.
Teresa lo miró sin una pizca de vergüenza.
—Te dimos doce años. Deberías agradecerlo.
Karla miró a su madre horrorizada.
—Mamá…
—Tú cállate.
—¿También me tuvieron por dinero?
Teresa giró hacia ella.
—Tú sí eres nuestra.
Karla retrocedió como si la hubieran golpeado.
—Entonces lo que le hicieron fue peor.
Rogelio levantó la pistola.
—La libreta, Daniel.
—¿Por qué la quieres?
—Porque Santillán sigue vivo.
El corazón de Daniel se detuvo.
—Eso es mentira.
—El viejo fingió su muerte. Lleva años escondido. Y está dispuesto a pagar mucho por encontrar a Verónica.
—¿Mi madre vive?
Rogelio sonrió.
—Tu madre volvió hace seis meses.
—¿Dónde está?
—Dame la libreta.
—Primero dime dónde está.
—Más cerca de lo que crees.
Daniel escuchó sirenas a lo lejos.
Uno de los hombres de Rogelio miró hacia la calle.
—Nos tenemos que ir.
Rogelio apuntó a Daniel.
—La mochila.
Daniel se la lanzó.
Rogelio la
atrapó y comenzó a retroceder.
Entonces Teresa gritó:
—¡No abras la libreta!
Demasiado tarde.
Rogelio la sacó de la mochila.
Al moverla, cayó una fotografía que Daniel no había visto.
Era reciente.
Mostraba a Verónica de pie junto a una mujer que Daniel conocía.
**Doña Teresa.**
En el reverso había una fecha de seis meses atrás.
Rogelio miró a su esposa.
—¿Qué significa esto?
Teresa palideció.
—Nada.
—Tú dijiste que no la habías visto.
—Rogelio…
Él le apuntó.
—¿Dónde está Verónica?
Teresa comenzó a temblar.
—Muerta.
Daniel dio un paso hacia ella.
—¿Qué hiciste?
—Yo no la maté.
—¿Qué hiciste?
Teresa rompió a llorar.
—Vino a buscarte. Dijo que Santillán había muerto de verdad y que ya podía contarte todo.
—¿Y tú qué hiciste?
—Le pedí dinero.
Rogelio soltó una carcajada incrédula.
—¿Le pediste dinero sin decirme?
—Quería irme de ti.
La confesión cayó como gasolina sobre fuego.
Teresa explicó
que Verónica se negó a pagarle. Entonces la siguió hasta un hotel y llamó a un antiguo contacto de Santillán, creyendo que solo la asustarían.
Pero los hombres se llevaron a Verónica.
Desde entonces no sabía si seguía viva.
Rogelio la golpeó con el dorso de la mano.
Karla gritó.
Daniel se lanzó sobre él.
La pistola cayó al suelo.
Uno de los hombres corrió hacia la salida.
El otro levantó una barreta.
Se escuchó un disparo.
Todos quedaron inmóviles.
Karla sostenía el arma con ambas manos.
La bala había impactado en el techo.
—¡Nadie se mueva! —gritó.
La policía entró por la parte trasera.
Pero no eran oficiales municipales.
Eran agentes estatales acompañados por el hermano periodista de Mariana y dos cámaras de televisión.
Todo había quedado grabado.
Las amenazas.
La confesión.
Los nombres.
La mención de Santillán.
Rogelio intentó huir, pero lo derribaron en el patio.
Teresa se
arrodilló.
Daniel no sintió satisfacción.
Solo cansancio.
Mientras se llevaban a sus padres, Rogelio volteó hacia él.
—Crees que ganaste, pero cuando Santillán sepa que tienes esa caja, te va a encontrar.
Daniel lo miró sin miedo.
—Que venga.
—No sabes quién es.
—No.
Daniel observó la casa, las bugambilias destruidas y a Karla llorando en brazos de una paramédica.
—Pero ya sé quién soy yo.
La confesión de Teresa permitió localizar el hotel donde Verónica había sido secuestrada.
Las cámaras mostraron una camioneta vinculada a una empresa de seguridad privada.
La investigación llevó a una finca abandonada en las afueras de Tepatitlán.
Tres días después, encontraron a Verónica.
**Estaba viva.**
Capítulo completado
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