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Mis suegros despreciaron mi casa y obligaron a su hijo a elegir, sin saber qué escondía mi herencia
Capítulo 1 / 3

Capítulo 1

Mis suegros despreciaron mi casa y obligaron a su hijo a elegir, sin saber qué escondía mi herencia

1137 palabras

# Mis suegros despreciaron mi casa y obligaron a su hijo a elegir, sin saber qué escondía mi herencia

## PARTE 1

—Si subes a ese coche conmigo ahora, sigues siendo mi hijo.

Si te quedas con ella, mañana no tendrás despacho, coche, sueldo ni apellido que te abra una sola puerta.

La amenaza de Álvaro de la Vega quedó suspendida frente a la pequeña casa de piedra de Lucía Ferrer, a las afueras de Toledo.

Lucía llevaba desde las 8:00 preparando aquella comida. Había puesto mantel limpio, una fuente de cordero guisado, tortilla, pan recién comprado y una tarta de almendras cuya receta pertenecía a su abuela Carmen. Javier le había repetido durante semanas que sus padres eran difíciles, pero ella jamás imaginó que ni siquiera aceptarían cruzar el portón.

Mercedes de la Vega contempló las paredes encaladas, las macetas de geranios y el viejo Seat de Lucía con una expresión que no intentó disimular.

—Javier, ¿de verdad piensas casarte con una mujer que vive así?

Lucía sintió el golpe, pero mantuvo la espalda recta.

—La casa era de mi abuela. Si

quieren pasar, la comida está preparada.

Álvaro ni miró la mesa que podía verse desde la ventana.

—No hemos venido a comer.

Javier apretó los dientes.

Llevaba 7 años trabajando en Grupo De la Vega, una de las promotoras inmobiliarias familiares más conocidas de Madrid. Había empezado supervisando obras pequeñas y ya dirigía proyectos valorados en millones. Sin embargo, su padre seguía considerando que cada éxito de Javier era una extensión de su propio apellido.

—No te he traído para que juzgues su patrimonio —dijo Javier—. Te he traído porque voy a casarme con ella.

Mercedes palideció.

Álvaro sacó el móvil.

—Entonces elige.

—Ya he elegido.

Javier se colocó junto a Lucía.

Su padre realizó una llamada delante de ellos.

—Carlos, desde este momento Javier queda apartado de todas sus funciones. Retira su autorización bancaria, el vehículo de empresa y su acceso a los proyectos de Pozuelo, Alcobendas y Valdebebas.

Mercedes lo miró horrorizada, como si todavía esperara que cediera.

—Javier, piensa bien lo que haces. Ella no puede darte la vida que tienes.

Javier miró aquella casa modesta, el limonero torcido del patio y la mesa preparada para 4 personas.

Después tomó la mano de Lucía.

—Quizá esa vida nunca fue realmente mía.

Álvaro se marchó sin despedirse.

Mercedes todavía tuvo tiempo de lanzar una última frase desde el coche:

—Cuando descubras que el amor no paga facturas, será demasiado tarde.

Aquella noche llegó el correo oficial. Javier estaba despedido. Sus tarjetas corporativas dejaron de funcionar y el apartamento que utilizaba en Madrid, propiedad de una sociedad del grupo, debía quedar libre en 15 días.

Javier se quedó mirando la pantalla.

—Lo ha hecho de verdad.

Lucía apretó su mano.

—Entonces tendrás que descubrir quién eres sin él.

Horas después, cuando Javier dormía, Lucía subió sola al pequeño desván.

Sacó de un armario un maletín de cuero que su abuela había protegido durante décadas. Dentro había escrituras, copias del Registro, resoluciones judiciales y una antigua acta notarial acompañada por una carta fechada muchos años atrás.

Lucía abrió también una carpeta reciente de un despacho de abogados de Madrid.

En la primera página aparecía un plano.

Era exactamente el terreno donde Álvaro estaba preparando el proyecto más ambicioso de toda su carrera.

Y una parte esencial de aquella parcela jamás había pertenecido legalmente a quien se la vendió.

Pertenecía a la herencia de Lucía.

A las 7:15, Javier ya había decidido empezar de cero.

Tenía 3 ingenieros dispuestos a seguirlo, una arquitecta que confiaba en él y apenas dinero suficiente para abrir una oficina pequeña.

Lucía lo llevó al desván.

Allí le enseñó la documentación que había ocultado incluso durante su relación.

Su bisabuelo había acumulado fincas y edificios en Castilla y Madrid. Tras décadas de herencias mal resueltas, ventas discutibles y poderes antiguos, varios bienes habían sido reconocidos nuevamente dentro del patrimonio familiar de Lucía.

Entre ellos figuraba un palacio rural abandonado cerca de Toledo y derechos sobre parte del suelo donde Grupo De la Vega proyectaba levantar Distrito Norte, un complejo de oficinas, viviendas y comercios financiado con cientos de millones.

—¿Por qué nunca me lo dijiste? —preguntó Javier.

—Porque quería saber si amabas a Lucía o a lo que Lucía podía heredar.

Él guardó silencio.

Entonces encontró la reclamación judicial contra el proyecto de su padre.

—Podrías hundirlo.

—Podría.

—¿Quieres hacerlo?

Lucía negó.

Después colocó delante de Javier los planos del antiguo Palacio de Valdeolmos.

—Quiero restaurarlo.

—¿Y qué tiene que ver conmigo?

Lucía deslizó hacia él un contrato.

—Quiero que tu nueva empresa haga la obra.

Javier comprendió entonces que perderlo todo quizá sólo había sido el principio.

3 meses después, Álvaro de la Vega recibió una fotografía que le hizo dejar el café sobre la mesa sin probarlo.

En la imagen aparecía el Palacio de Valdeolmos.

Durante años había sido una construcción olvidada entre olivos, con parte de la cubierta hundida, ventanas rotas y maleza invadiendo el patio. Ahora, sin embargo, las fachadas de piedra estaban recuperadas, las vigas originales habían sido restauradas y los antiguos salones empezaban a recuperar la apariencia que tuvieron más de un siglo atrás.

Álvaro reconoció inmediatamente al hombre que aparecía junto a los arquitectos.

Era Javier.

—¿De dónde ha sacado dinero para una obra así? —preguntó.

Su director financiero dejó una carpeta sobre la mesa.

—No la está financiando él. Lo ha contratado una sociedad patrimonial.

—¿Quién?

—No hemos conseguido confirmarlo todavía.

Aquella respuesta lo irritó más que cualquier mala noticia.

Desde que expulsó a su hijo, Álvaro había esperado una llamada.

La primera semana imaginó que Javier regresaría pidiendo recuperar el puesto. La segunda pensó que aparecería solicitando ayuda para pagar un alquiler. Al cumplirse 1 mes, comenzó a preguntarse por qué no había sucedido ninguna de las 2 cosas.

Mientras tanto, los problemas de Grupo De la Vega se multiplicaban.

Distrito Norte había quedado paralizado cautelarmente por una disputa sobre la titularidad de varias parcelas. El banco suspendió una parte de la financiación hasta que la situación registral quedara aclarada. 2 responsables nombrados para sustituir a Javier fueron descubiertos autorizando sobrecostes injustificados y un importante inversor aplazó su entrada.

Álvaro odiaba admitirlo, pero también empezó a descubrir cuánto trabajo solucionaba su hijo sin hacer ruido.

Mercedes lo encontró una noche en el despacho de su casa de La Moraleja, mirando las cuentas.

—Llámalo.

—No.

—Han pasado 3 meses.

—Fue él quien eligió marcharse.

Mercedes lo observó con cansancio.

—No. Fuiste tú quien le ordenó elegir entre nosotros y la mujer con la que quería casarse.

Álvaro levantó la vista.

Era la primera vez que su esposa formulaba aquella verdad sin suavizarla.

—Tú estabas de acuerdo.

Mercedes tardó en contestar.

—Sí.

Se sentó frente a él.

—Y cada día me avergüenza más.

Capítulo completado

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