## PARTE 2 — La reunión familiar y una firma falsificada
La reunión familiar parecía un juicio.
Capítulo 2
## PARTE 2 — La reunión familiar y una firma falsificada
La reunión familiar parecía un juicio.
Había más de quince parientes apretados en la sala del tío Robert. Teresa tenía los ojos enrojecidos, como si hubiera pasado toda la noche llorando exclusivamente para que todos lo vieran. Patricia evitaba mirarme.
El tío Robert fue directo al asunto.
—Alex, ¿de verdad estás dispuesto a darle la espalda a toda tu familia por el orgullo de tu esposa?
—No le estoy dando la espalda a nadie —respondió Alex, colocándose en medio de la sala—. Lo único que estoy haciendo es impedir que conviertan a mi esposa en una sirvienta sin sueldo.
Teresa se secó un ojo completamente seco con un pañuelo.
—Desde que se casó con ella, mi hijo ya no es el mismo.
Entonces una de las tías mencionó un nombre que yo apenas había escuchado un par de veces.
—¡Si Alex se hubiera casado con Valerie Vance, nada de esto estaría pasando!
Alex apretó mi mano.
Y finalmente salió la verdad.
Años antes de conocerme, las dos familias prácticamente habían arreglado un matrimonio entre Alex y Valerie Vance, hija del accionista mayoritario de Vance Commercial Logistics, una de las empresas regionales de logística más importantes del Medio Oeste.
Ese matrimonio habría venido acompañado de un contrato de suministro multimillonario que podía asegurar el futuro de la empresa de Arthur durante décadas.
Pero Alex había cancelado el compromiso después de descubrir que Valerie tenía serios problemas de abuso de sustancias y que ambas familias estaban dispuestas a encubrirlo con tal de concretar la alianza comercial.
—No iba a vender mi vida por un contrato empresarial —dijo Alex.
Arthur lo miró con desprecio.
—A veces el hijo mayor tiene que sacrificarse por el bien del negocio familiar.
En ese instante todo empezó a tener sentido.
Para ellos yo no era simplemente Mariana.
Yo era el recordatorio viviente del
acuerdo multimillonario que habían perdido.
Patricia perdió el control.
—¡Por culpa de que abandonaste a los Vance, yo perdí el fondo para pagar mis estudios de posgrado! ¡La familia de Valerie iba a cubrirlos!
Después llevaron la conversación hacia nuestra casa.
Teresa aseguró que era “propiedad de la familia Vance” porque el terreno originalmente había pertenecido al abuelo de Alex.
Alex la corrigió de inmediato.
El terreno sí había sido regalado antes de nuestro matrimonio, pero la casa se había construido con una hipoteca conjunta a nombre de los dos, además de cincuenta mil dólares que mis padres nos regalaron después de vender una pequeña propiedad que tenían en renta.
—Mariana y yo construimos esa casa juntos —dijo Alex—. Nadie la va a sacar de ahí.
La reunión terminó sin que nadie cediera.
Tres días después fui a casa de mis suegros a recoger una caja con documentos fiscales que
Alex había dejado en el estudio.
Antes de entrar escuché a Teresa hablando por teléfono en la cocina.
—Dejen todo preparado antes de que Mariana empiece a poner trabas legales —decía—. Nosotros nos encargaremos de la firma de Alex. Esa casa no va a quedar bajo el control de una extraña.
Di media vuelta y regresé al carro sin hacer ruido.
Dos horas después recibí una llamada del banco que manejaba nuestra hipoteca.
—Señora Sterling, queremos verificar una solicitud relacionada con las escrituras y una línea de crédito sobre el valor de su propiedad. Esta mañana el señor Arthur Vance presentó un poder notarial firmado, supuestamente autorizado por su esposo.
Sentí un frío recorrerme el pecho.
—Mi esposo nunca firmó ningún poder.
La representante hizo una pausa.
—Eso mismo sospechamos. La firma no coincide con nuestros registros, por eso detuvimos la operación.
Alex llegó a la sucursal del banco en menos de treinta minutos.
Revisó la copia del documento.
—Esta firma es falsa.
Las cámaras de seguridad confirmaron que esa mañana su padre había llegado acompañado por Hector Vance, primo de Alex.
Esa misma noche fuimos directamente a casa de mis suegros.
Alex arrojó la copia del documento sobre la mesa del comedor.
—¿Quién falsificó mi firma?
Teresa ni siquiera tuvo la decencia de mostrarse avergonzada.
—Estamos protegiendo lo que le pertenece a esta familia.
—Mi esposa es mi familia —respondió Alex.
Antes de que la discusión subiera todavía más de tono, escuchamos el sonido de unos tacones acercándose por el pasillo.
Una mujer apareció cargando una elegante carpeta de piel.
La reconocí inmediatamente por fotografías antiguas.
Valerie Vance.
Teresa sonrió como si acabara de llegar alguien a rescatarla.
—Valerie, qué bueno que llegaste.
Valerie ni siquiera la miró.
Primero observó a Alex y después fijó la mirada en mí.
—Tranquila, Mariana. No vine a quitarle el marido a otra mujer.
Colocó la carpeta frente a Arthur.
—Estoy aquí porque desde que mi padre murió el año pasado he estado realizando una auditoría forense completa de Vance Commercial Logistics.
La expresión de Hector cambió al instante.
Valerie abrió la carpeta.
—Y descubrí que la familia Vance lleva seis años mintiendo sobre la verdadera razón por la que su empresa empezó a perder dinero.
Hector se quedó pálido.
—Cuando mi equipo legal termine de revisar estos documentos —continuó Valerie—, algunos de ustedes van a desear que el único problema de esta familia hubiera sido una cena sin cocinar.
Capítulo completado
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