Dos días antes de la cena, manejé hasta la casa del lago con Ivy.
Capítulo 3
Dos días antes de la cena, manejé hasta la casa del lago con Ivy.
Quería limpiarla, abrir las ventanas y dejar todo como lo recordaba.
Cuando llegamos al porche, vi la silla del abuelo.
Seguía en su lugar.
Pasé la mano por el reposabrazos desgastado.
—¿Todavía quieres hacer esto? —preguntó Ivy.
—Sí.
—Podrías terminar con él hoy.
—Podría.
Miré hacia el lago.
—Pero quiero que Glenn tenga una oportunidad de mostrarme quién es cuando crea que ya ganó.
La tarde de la fiesta llegué veinte minutos más tarde de lo planeado.
Desde la carretera vi carros estacionados por todas partes.
No doce personas.
Por lo menos treinta.
Fruncí el ceño.
Glenn salió al porche con una copa de champaña.
—Ahí estás.
Miré alrededor.
Familia.
Amigos.
Vecinos.
Gente del trabajo de Glenn.
Incluso personas que apenas conocía.
—¿Qué es esto?
—Quería hacerlo especial.
—Te pedí una cena pequeña.
—Vamos, Lucy. Es nuestro compromiso.
Levanté la mirada.
Sobre el porche había colocado una decoración que yo
nunca había pedido.
Glenn me rodeó con un brazo.
—Además, así todos pueden conocer nuestra nueva etapa.
—¿Nuestra nueva etapa o mi casa?
Su sonrisa vaciló.
—No empieces.
Me separé.
Fue entonces cuando noté algo.
La silla del abuelo no estaba.
Miré el espacio vacío junto a la ventana.
—¿Dónde está la silla?
Glenn siguió mi mirada.
—¿Qué silla?
—La del abuelo.
—Ah.
Tomó un trago.
—La guardé.
—¿Dónde?
—En el garage.
No esperé otra explicación.
Crucé la casa y abrí la puerta del garage.
La encontré junto a unas cajas, dos mesas plegables y bolsas de basura.
Sentí un nudo en la garganta.
Glenn llegó detrás de mí.
—Lucy, tenemos invitados.
Me agaché y toqué el respaldo.
—¿Por qué hiciste esto?
—No combinaba con el resto.
Giré lentamente.
—Era de mi abuelo.
—Lo sé.
—La hizo él mismo.
—También lo sé, pero está vieja.
Lo miré fijamente.
—No es
decoración.
—No dije eso.
—La sacaste de su lugar porque te estorbaba para una fiesta que yo nunca te pedí.
Glenn bajó la voz.
—Deja de convertir todo en un problema.
Señalé la silla.
—Devuélvela.
—Después.
—Ahora.
Por un momento vi aparecer al verdadero Glenn.
La mandíbula tensa.
Los ojos fríos.
La molestia de quien no entendía por qué yo estaba complicando sus planes.
Luego escuchamos voces acercándose y volvió a sonreír.
—Está bien. Después la ponemos.
Salió.
Yo me quedé unos segundos más.
Entonces escuché al abuelo en mi memoria.
No pases toda tu vida esperando frente a una puerta que alguien nunca quiso abrirte.
Regresé al porche.
Glenn ya estaba hablando con un hombre que llevaba una carpeta.
—Ahí está Lucy —dijo.
El hombre sonrió.
—Mucho gusto. Glenn me ha contado bastante sobre la propiedad.
—¿Perdón?
Glenn se apresuró.
—Es agente inmobiliario.
El hombre abrió la carpeta.
—Traje
estimaciones de renta vacacional, como me pidió Glenn.
Miré a mi prometido.
—¿Tú le pediste esto?
—Solo información.
—Sin preguntarme.
El agente miró de uno a otro.
—Yo tenía entendido que estaban planeándolo juntos.
—No.
Glenn me tocó el brazo.
—Lucy, podemos hablar después.
Me quité su mano.
—No, Glenn. Tú puedes hablar después.
El agente se disculpó y se alejó.
Glenn se acercó a mí.
—Me estás dejando en ridículo.
—Estás haciendo planes con mi casa sin mi permiso.
—¡Nos vamos a casar!
—Eso no te convierte en dueño.
Su rostro cambió.
Solo por un segundo.
Pero lo vi.
—¿Fuiste a ver a un abogado?
No respondí.
Y su reacción me dio otra respuesta.
Le preocupaba.
Mucho.
Antes de que pudiera seguir, alguien pidió una foto.
Glenn volvió a ponerse la sonrisa.
Durante la siguiente media hora lo observé.
Lo escuché decir:
—Cuando abramos la cocina…
—Cuando arreglemos el muelle…
—Cuando empecemos a rentarla…
Cada frase comenzaba con cuando.
Nunca con si.
Nunca conmigo.
Entonces golpeó suavemente una copa con una cuchara.
Todos guardaron silencio.
Glenn extendió el brazo hacia mí.
—Ven, amor.
Me quedé donde estaba.
Él fingió no notarlo.
—Quiero brindar por nuestro futuro.
Algunas personas levantaron sus copas.
—Y por esta increíble oportunidad que Walter nos dejó.
El silencio cayó de inmediato.
Mi tía bajó la copa.
La mamá de Glenn lo miró confundida.
Yo di un paso hacia él.
—Mi abuelo no nos dejó nada.
Glenn tragó saliva.
—Lucy, sabes a qué me refiero.
—Sí.
Miré a todos.
—Y precisamente por eso los invité esta noche.
Glenn dejó de sonreír.
—¿Qué estás haciendo?
Me quité lentamente el anillo.
—Averiguando si después de once años finalmente querías casarte conmigo…
Lo puse sobre la mesa.
—…o con mi casa.
***Haz clic en el “PARTE 4” azul de abajo para leer la parte final: 👉 PARTE 4 👈***
Capítulo completado
Has llegado al final de este capítulo.
Seguir leyendo
Más mundos en los que perderte después de este capítulo.